El temblor

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El pasado 23 de febrero tuvo lugar un movimiento sísmico de 5’2 en la escala Richter, con epicentro en la localidad albaceteña de Ossa de Montiel, cuyos efectos se dejaron sentir por buena parte de Madrid; puedo dar fe de ello en primera persona cuando aquella tarde, los alumnos que nos encontrábamos en la Escuela Diplomática interrumpíamos la clase de la profesora, preguntándonos incrédulos unos a otros si era cierta la leve, pero evidente y extraña sacudida que acabábamos de experimentar.

No es la primera vez que tengo que vérmelas con un terremoto. Recuerdo que la primera misión que me encomendaron cuando llegue al Gobierno Civil de Burgos después de aprobar la oposición como “técnico en riesgos naturales y antrópicos” (así y más largo aún se llamaba la cosa), fue la de realizar un informe sobre el extraño sismo ocurrido en un pequeño pueblo del páramo de Masa, donde se había tambaleado hasta la torre de la iglesia. Aquello, contra lo que pudiera parecer evidente, tuvo más de antrópico que de natural.

Más acongojante fue mi estancia en México DF, junto a otros compañeros de la Universidad de Alcalá, que habíamos acudido allí con la determinación de completar nuestras respectivas tesis. Al llegar la primera noche a la ciudad nos alojamos en un hotel en pleno centro con la estructura inclinada, como si se tratara de un barco, vestigio varado del trágico terremoto sufrido por la ciudad en 1985, rodeado de edificios igualmente inclinados en mayor o menor medida, muchos de ellos abandonados.

Viene al caso esta rememoración sísmica particular toda vez que hasta en el recóndito Macondo madrileño de Valdeavero se ha dado la oportunidad de documentar un movimiento telúrico singular acontecido pocos días después del tembleque manchego, que por nuestras latitudes pasó totalmente desapercibido.

A los pocos días del suceso, el Partido por la Libertad de Valdeavero difundía a través de su boletín político las primeras propuestas para el pueblo, y lo que en una primera instancia daba forma concreta a las necesidades del municipio y ponía nombre propio a las personas dispuestas a afrontarlas, ha ocasionado un inusitado temblor, cuyas ondas sísmicas todavía están produciendo réplicas y sacudidas por todo el pueblo.

Entre las iniciativas recogidas en el boletín figura la realización de una auditoría de las cuentas y gestión municipal sin coste alguno para el municipio, llegando a solicitar responsabilidades patrimoniales sí hubiera lugar a ello; algo por otra parte preceptivo para cualquier Ayuntamiento cada año ante el Tribunal de Cuentas. Pues como si hubieran mentado a la bicha. Desde entonces, un cimbreo extraño se ha apoderado de alguna de las crujías más carcomidas de la localidad y del consistorio, disparando las alarmas.

El temblor ha provocado que los que vienen alimentando el incendio institucional desde el primer pleno municipal se ofrezcan ahora de bomberos abnegados para la próxima legislatura, en previsión de que el chiringuito se les colapse sin estar a cubierto. Ha obligado también a asear la habitual imagen roñosa del PSOE, que ahora se reparte impresa y a color, incluso entre los vecinos de La Cardosa. Por su parte, los pirómanos púnicos-gurtélidos del PP se han  conjurado en una novena de hermanísimos para hacer frente a los forasteros que invaden la localidad y pretenden, según su cerril caletre, apartarles del pesebre. Al final, el  PPSOE constituido en Valdeavero tras el temblor ya cuenta con costaleros y catecismo para la procesión que se avecina, toda vez que los hunos  copian el programa ofrecido por los hotros en las pasadas elecciones, mientras unos y otros han desistido de cumplir cualquiera de los compromisos ofrecidos en su día a los vecinos con sus respectivas siglas.

Un vaivén en suma, que agrieta el frontispicio delictivo en el que se han instalado, y que en mitad de la escombrera que tan afanosamente han acumulado, nos permite concluir que quienes se presentan hoy en Valdeavero bajo las siglas del PP y del PSOE son la misma y reiterada estafa, pero más burda y obscena, con la pretensión añadida de blanquear el corrupto comportamiento seguido estos años con una pasadita por las urnas, en la creencia de ver así absuelta su responsabilidad criminal cometida contra la voluntad ciudadana durante otros cuatro años.

En mitad de toda esta desolación no dejan de ser significativas las palabras pronunciadas por el Papa Francisco en su reciente visita al epicentro mafioso de Nápoles: “la corrupción es sucia y la sociedad corrupta apesta. Un ciudadano que deja que le invada la corrupción no es cristiano, ¡apesta!”. No hay incienso suficiente en Valdeavero para mitigar el tufo que desprenden los perfumistas de la corrupción a la que unos cuantos espabilados pretenden seguir abonados.

Con todo, las consecuencias de este terremoto local a propósito del boletín del PXL no es nada comparado con el verdadero temblor que está por aflorar a la superficie a cuenta del PP y del PSOE. La subsidencia tectónica ya ha tenido lugar y son conocidos el origen y componentes de las piezas implicadas; aunque el alcance de los daños previstos no está del todo asegurado, lo que sí resulta cierto antes de empezar la campaña electoral es que los únicos damnificados serán los ciudadanos de Valdeavero.

 

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~ por elpinochedevaldeavero en marzo 29, 2015.

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